Cómo CAMBIAR tu PEREZA por MOTIVACIÓN

¿Qué te vas a encontrar en este artículo?

1.- Te presentaré la Rueda del Inmovilismo que exlica por qué no consigues hacer lo que te propones.

2.- Analizaremos cada punto viendo ejemplos.

3.- Verás cómo puedes salir de la rueda estés donde estés y encontrar tu motivación.

¡Allá vamos!!!

¿Cuántas veces te has propuesto lo mismo y no has llegado a conseguirlo?

A simple vista parece una cuestión de pereza pero no se trata sólo de eso, por eso te presento:

  LA RUEDA DEL INMOVILISMO

Resume muy bien el círculo vicioso en el que caemos cuando queremos cambiar algo en nuestras vidas y no lo logramos: tenemos planes en lo profesional o en lo sentimental, o simplemente estamos hartos de lo que tenemos.

Sea cual sea el origen de nuestra necesidad de cambio, todo empieza con la sensación de “TENGO QUE HACER ALGO”. Pero a veces sucede que, en lugar de ponernos en marcha, terminamos entrando en una insatisfacción personal sin saber por qué, y sobre todo sin tener ni idea de cómo salir de ella.

¿Cómo funciona la Rueda del Inmovilismo?

  1. En algún momento partiste del punto 1 y es muy posible que ya lleves unas cuantas vueltas, así que no te preocupes, para comenzar basta con que identifiques en qué punto estás ahora mismo.
  2. Observa cuánta autoestima y bienestar pierdes en cada vuelta que das, y cómo vas acumulando impotencia y frustración. Esto te ayudará a tomar la decisión de salir.
  3. Ten en cuenta que puedes salir de la rueda en cualquier momento porque existen alternativas de acción estés donde estés.
  4. No olvides que según donde te encuentres, el trabajo será distinto. La pista te la darán siempre tus emociones. Partiendo de ellas puedes descubrir tu estado mental, y a continuación buscar tu verdadera motivación: saber por qué haces lo que haces y no haces otra cosa, aunque digas lo contrario.

Si ya llevas tiempo dando vueltas en tu rueda y no consigues salir, sabes que puedes contar conmigo. No para que te cuente lo que ya te explico en este artículo, ni para que te repita lo que todo el mundo te aconseja, sino para que descubramos lo que verdaderamente te mueve, y lo que en realidad te mantiene inmóvil. Este adentrarte en tu interior es algo que no dudo que puedas hacer sólo, pero como te decía, si ya llevas unas vueltas, aquí tienes mi apoyo. Escríbeme o llámame haciendo clic en este enlace.

Vamos a comenzar analizando cada punto para que descubras qué te sucede en los tres ámbitos de la persona: el mental, el emocional y el físico. Así podrás calibrar cómo estás y encontrar la forma de salir.

  ANÁLISIS DE LOS PUNTOS Y EJEMPLOS

1.- Digo que quiero hacer algo.

  • Estado Mental: Pienso que “debería” o “tendría” que hacer algo porque ya va siendo hora. Siento que es mi deber y actúo por obligación más que por decisión.
  • Estado Emocional: Me viene ansiedad porque no encuentro el momento para ponerme con lo que quiero hacer. Siento culpa por no estar haciendo lo que debería.
  • Estado Físico: Puedo estar lleno de energía, sólo que no sé bien hacia dónde focalizarla.

¿Qué hay detrás?

Cuando tengo una gran necesidad de tener un plan y siento que sin eso mi vida no tiene mucho sentido, o al menos yo no se lo encuentro, es muy posible que esta necesidad se transforme en URGENCIA, y no sea capaz de analizar realmente lo que quiero.

Haré lo que digo que quiero hacer desde la OBLIGACIÓN, anulando la creatividad y la imaginación, y muy posiblemente me olvidaré del pilar fundamental de todo emprendimiento: el disfrute.

A veces “hacemos” para sentir que nuestra vida está estructurada. Nos mueve la falsa ilusión de ahuyentar así la soledad y el vacío que tan a menudo nos visitan. Y en este instante entramos en la rueda del inmovilismo, víctimas de olvidar el principio fundamental de nuestro propio bienestar: una saludable relación conmigo mismo.

Ejemplos de buenos propósitos en el punto 1:

Tengo que llevar una vida más saludable. Quiero montar mi propio negocio. Debería prepararme unas oposiciones. Es hora de apuntarme al gimnasio. Necesito hacer nuevas amistades. Quiero gestionar mejor mi tiempo. Me he propuesto ser más positivo.

PROPUESTA: ¿Cómo me siento cuando repito en voz alta lo que quiero hacer?. Observa si sientes ansiedad, prisas, si te ilusiona, si te sientes ligero o teniendo que hacer un gran esfuerzo.

2.- Me da pereza.

  • Estado Mental: Lo pienso y llego a la conclusión de que voy a tener que esforzarme mucho y no sé si me merecerá la pena. Por eso encuentro un millón de EXCUSAS que son medio verdades para no hacer lo que “quiero” hacer.
  • Estado Emocional: Mis sensaciones son de abatimiento, derrota y desgana. Aparece el sentimiento de culpa que quería evitar precisamente intentando ponerme en marcha. Dudo.
  • Estado Físico: Mi energía se ha reducido, me faltan las fuerzas y me noto cansado. Me lesiono fácilmente.

¿Qué hay detrás?

A consecuencia de mi falta de claridad, comienzo a preocuparme de los SÍNTOMAS EMOCIONALES y FÍSICOS. La desgana, y el cansancio se convierten en el centro de atención cuando sólo son señales de que he comenzado sin verdadera motivación para hacer lo que digo que quiero hacer.

Me engancho a ellos sin darme cuenta de cuánto me alejan de mis verdaderos deseos. Cada vez hay más distancia entre lo que quiero y lo que hago.

En este punto de pereza las probabilidades de ponerme en marcha son bajas, por eso recurro al esfuerzo, la fuerza de voluntad y las falsas motivaciones.

Ejemplos de buenos propósitos en el punto 2:

Con mi trabajo no puedo hacer más. Cambiar los hábitos de siempre es casi imposible. No tengo tiempo para el gimnasio ni para dedicarme a mí. Es muy complicado que saque tiempo para estudiar. No tengo los medios ni los conocimientos para emprender nada por mi cuenta. Está todo muy mal. La gente no quiere hacer amistades y es muy rara. No voy a poder cambiar mi forma de ser.

PROPUESTA: ¿Te das cuenta cómo te boicoteas?, ¿Cuánto de verdad hay en tus afirmaciones?, y la pregunta del millón: ¿Realmente quieres hacer lo que te has propuesto?

3.- No lo hago.

  • Estado Mental: La profecía se ha cumplido. Pensaba que no podía y no he podido. “Siempre me sucede lo mismo” así que me resigno a pensar que nada cambiará. Comienzo a calificarme de “vago” o “inútil” y quizás también lo hagan los demás, con lo cual mi derrota es absoluta.
  • Estado Emocional: Siento rabia y frustración. Aparece la impotencia y la renuncia. Incluso siento vergüenza, y desde luego bastante más culpa.
  • Estado Físico: Puedo enfermar como manera de centrarme más aún en mis síntomas y obviar lo que verdaderamente ha sucedido dentro de mí.

¿Qué hay detrás?

Ahora estoy prácticamente incapacitado para darme cuenta de mi propio proceso si nadie me ayuda a ver lo que me está sucediendo. Estoy demasiado dentro como para hacerlo y estoy enfadado conmigo mismo, mientras crecen mi frustración y mi rabia.

Ejemplos de buenos propósitos en el punto 3:

Otra vez sin conseguirlo. Ya sabía yo que no podía. Tengo que dejarlo porque esto va a acabar conmigo. Estoy agotado. No valgo para esto. Nunca consigo lo que me propongo. No tengo ninguna voluntad. Soy un desastre.

PROPUESTA: ¿No será mejor reflexionar sobre lo sucedido que seguir criticándote?, ¿Para qué te sirven tus juicios más que para comenzar antes o después a quejarte?

4.- Me quejo y me quejo.

  • Estado Mental: El instinto de supervivencia hace que mi mente reaccione. Por eso me autoengaño como manera de proteger mi ego. He tirado la toalla y tengo que justificarme. El victimismo se apodera de mí y busco argumentos que justifiquen mi inmovilismo. Con mi queja también pretendo que los demás apoyen mi inmovilismo.
  • Estado Emocional: Me instauro en la queja, siento tristeza. Me siento vulnerable y con la autoestima baja.
  • Estado Físico: No siento fuerzas para hacer nada y me convenzo de que antes de ponerme en marcha necesito "recuperarme de mis  síntomas".

¿Qué hay detrás?

Como la mente necesita buscar una zona de comodidad, paso del enfado conmigo al enfado con el mundo y la queja. Busco el consuelo y la aprobación de los demás para calmar mi culpa. Busco aliados, pero NO SOLUCIONES.

Estoy listo para volver al principio y desde este sentimiento de culpa proponerme de nuevo “hacer algo” sin haber aprendido nada de mi proceso anterior.

Ejemplos de buenos propósitos en el punto 4:

Nadie te informa cuando quieres emprender. Nadie quiere estudiar conmigo ni compartir las dudas. Los monitores sólo ayudan a los que pueden hacer todos los ejercicios. Pasear sólo es muy aburrido y ningún amigo puede acompañarme. Mi familia me hace perder mucho tiempo. Las personas tóxicas me quitan la energía.

PROPUESTA: ¿Te das cuenta de los beneficios que sacas de tus quejas?, ¿Ves cómo buscas cómplices que no te ayuden a descubrir qué falló?, ¿No crees que es el momento de reflexionar y abandonar la queja?

  CÓMO PUEDES SALIR DE LA RUEDA Y ENCONTRAR TU MOTIVACIÓN

Como te decía, la manera de salir de la rueda del inmovilismo es PONER CONCIENCIA a lo que estás sintiendo en este momento.

* Comienza por descubrir en qué punto te encuentras y rebate tus pensamientos con todo el realismo del que seas capaz.

* Sin duda descubrirás cosas que no te gustan, incluso quizás descubras que lo que te propusiste en realidad no tiene nada que ver contigo, pero es momento de ser muy sincero contigo.

* Piensa que lo contrario de lo que te propongo es seguir dando vueltas con el desgaste mental, emocional y físico que esto te supondrá, ¿recuerdas que todo tú estás implicado?. Sopesa las consecuencias.

* Si decides abandonar, estupendo, siempre que lo hagas después de analizar lo sucedido para aprender de esta experiencia.

* Si decides continuar, también estupendo, siempre que cambies la fuerza de voluntad y la obligación por el deseo auténtico de hacer y el disfrute.